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Maestría Personal: Cuando el Liderazgo Deja de Reaccionar y Empieza a Elegir

  • Foto del escritor: Mariana Simone Perez Valero
    Mariana Simone Perez Valero
  • 22 ene
  • 2 min de lectura

El primer paso para conquistar la Maestría Personal radica en la valentía de trabajar el autoconocimiento. No es una tarea fácil de conseguir. Implica aventurarse a descubririrse a sí misma, con luces y con sombras. El autoconocimiento también abarca hacer conscientes las conversaciones internas, identificando los patrones de pensamiento (juicios, prejuicios y suposiciones) que estas encierran.


Un pensamiento común entre muchas personas es dudar de la propia valía y, en consecuencia, sentir la necesidad de agradar a toda costa. De ser demasiado amables con aquellas personas a quienes consideramos importantes, o de quienes deseamos afecto o aprobación.





Nuestras heridas infantiles, como la herida de la humillación o del abandono —provocadas muchas veces de forma accidental por aquellas personas que creíamos que nos protegerían, o de quienes esperábamos apoyo y cuidado— son, en muchos de los casos, el origen de ese sentimiento de falta de valía.


Incluso cuando otros nos muestran lo contrario, aparece la creencia de que tenemos que hacer más, dar más o esforzarnos más para merecer su atención y afecto, o incluso para “agradecerlos”.


A este comportamiento se le ha dado el nombre de “migajear”: la acción de sobreagradecer, sobrecumplir o sobreforzarse ante la más mínima muestra de atención o afecto, ya sea para conservarlos o para obtenerlos.


Y es importante decirlo con claridad: migajear no es debilidad; es una estrategia de supervivencia que aprendimos en algún momento de nuestra historia, pero que hoy ya no nos sirve.


Desde la filosofía de AI (Awareness & Intentionality), el primer paso consiste en darnos cuenta (Awareness): reconocer el comportamiento, hacerlo consciente. Para después proceder a hacernos cargo, tomando acción de forma intencional (Intentionality) para erradicar este tipo de dinámicas.


Pero más allá de identificar el comportamiento, es indispensable indagar y sanar la herida primaria que le dio origen, esa herida que sostiene el sentimiento de minusvalía.


¿Cómo empezar a dejar de migajear atención y afecto?


• Nombrando el patrón en tiempo real, sin juicio: “esto lo estoy haciendo desde el miedo, no desde la elección”.

• Separando la valía personal del comportamiento: no tengo que agradar para valer.

• Practicando micro-límites intencionales: no sobreexplicar, no dar de más, no responder desde la urgencia.

• Preguntándome antes de dar: ¿lo hago desde el deseo genuino o desde el miedo a perder?

• Dándome hoy, como adulta, la validación y el cuidado que en algún momento faltaron.


Dejar de migajear no es endurecer el corazón; es elegir vínculos desde la dignidad, no desde la herida.

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